El hombre, dioses y semidioses

LA HUMANIDAD DEBE UNIRSE AL CIELO

La humanidad debe unirse al cielo, de donde procede; para ello debe superar su excesivo egoísmo. Pero ¿por qué es tan egoísta el ser humano?
En el principio de los tiempos, según el cronómetro del sagrado planeta Tierra, los planificadores tutores de la naciente humanidad se vieron obligados a restringir un aspecto de la conciencia de esta por el bien del desarrollo común armónico del universo; fue una necesidad objetiva dictada por el proceso de creación en curso en aquel entonces, y cuya explicación es imposible de trasladar al lenguaje que en general utilizan los humanos actuales.

Cuando pasó el tiempo de esta restricción y las aguas debían volver a su cauce poco a poco, determinadas consecuencias no esperadas (pues la situación gestada en la Tierra fue única e imprevisible en sus posteriores manifestaciones), dieron lugar a actitudes mentales desacertadas por parte de las comunidades humanas; actitudes que fueron corregidas por los maestros encarnados de aquel tiempo.

Pero tras la desaparición de estos maestros, surgieron algunas conciencias (en absoluto preparadas para forjar su evolución en el planeta Tierra, y que se habían encarnado voluntaria y dañinamente para contrarrestar los esfuerzos de la luz) que desde sus tendencias asúricas (opuestas al desarrollo general) lideraron cambios de conducta contrarios a las enseñanzas de los sabios que anteriormente habían guiado al mundo. Cierta debilidad latente en las conciencias humanas, no recuperadas aún totalmente, generó un seguimiento masivo de tales líderes fraudulentos. De este modo, se fue fraguando un modo confuso de entender la vida en la Tierra, creándose cada vez más bajas vibraciones (que se expresaron, por ejemplo, en un abuso hacia la naturaleza y la vida animal en general), lo que acrecentó más el desequilibrio. En estas condiciones, no les resultó difícil a otras conciencias externas, contrarias a la evolución aquí en la Tierra, y guiadas por estas energías de baja vibración, entrar en el radio de acción terrestre, afectando, con resultados catastróficos, a la conciencia general de la humanidad y del planeta. Estas inteligencias invasoras, conocedoras de muchos secretos de la energía y de la percepción, redujeron aún más la conciencia de los seres humanos, a quienes se presentaron como dioses otorgadores de sabiduría. El ser humano relegó al subconsciente su sabiduría de luz y se apegó cada vez más a los dictados erróneos de tales depredadores astrales invasores, quienes otorgaron a la humanidad montañas de ideologías, imposibilitando la integración del cuerpo de luz o alma (o cuerpo energético) de los seres humanos.

(¿Pero dónde estaban mientras tanto las conciencias de la luz? ¿Cómo dejaron que esto sucediera?

Bueno, digamos que las conciencias de la luz habían salido un momento al jardín del vecino a regar las flores, mientras dejaban a sus hijos pequeños jugando en casa. Y aunque no tardaron mucho, según su escala de tiempo, se encontraron la casa patas arriba, debido a que unos ladrones, aprovechando el momento, se habían colado dentro… Este rincón del universo no es el barrio más seguro de todos…*)

“En última instancia, cada uno es responsable de sí mismo. Quien escoja sembrar egoísmo cosechará egoísmo…”

*Más allá de toda explicación, y en otros términos, debemos entender que este es un universo de libre albedrío, y aunque haya quienes escojan rebelarse contra el plan divino, cualquier desajuste está previsto en los planes de la Fuerza Creadora, que ha concedido tal grado de libertad.- Conocer esto sin atisbo de dudas, se denomina Fe, y justifica la Esperanza total en un futuro de luz, conducido individualmente a través del cultivo del Amor.

EL SER HUMANO

Desde una perspectiva energética, el ser humano es una porción de universo separada de la totalidad y en proceso de evolución.
El universo, al soñarse a sí mismo, crea las diferentes realidades desglosadas de la totalidad, dando lugar al juego de la evolución o expansión de la conciencia, pues todo cuanto existe es conciencia. La conciencia o universo se retroalimenta de sí misma en un movimiento de creación, conservación y destrucción de entidades orgánicas e inorgánicas en pugna constante por la supervivencia de sí. En nuestro planeta, la conciencia evoluciona en las vibraciónes del mineral, la vida vegetal y la vida animal, en un sentido de lo perceptible humano a través del análisis racional. Pero desde la visión (desprejuiciada) de la esencia última de todas las cosas, en cuanto pura energía, estos tres modos de vibración coexisten con diferentes modalidades de conciencia inorgánica no perceptible por el ojo común. En los planetas restantes, junto a las estrellas y satélites, u otros astros, puede dominar como unidad móvil de un mundo dado,* tanto la conciencia orgánica como la inorgánica. En este sentido, la Tierra es una pequeña excepción tan sólo en el área concreta del universo en la que se encuentra (al dar cabida al ser humano como máximo exponente de posibilidad de desarrollo de la conciencia a partir de un cuerpo orgánico) pues existen otros planetas similares, en esta y otras galaxias, donde habitan, desde conciencias en un proceso de desarrollo similar al nuestro, hasta otras en un nivel muy superior, para quienes, por ejemplo, la manipulación de la materia llamada tiempo, llave de los viajes ínter espaciales más fantásticos, es asunto cotidiano en la vida de todos sus habitantes, y no un saber sólo conquistado por pequeños grupos de conocimiento, como ocurre en nuestro mundo…

En determinada literatura oriental de sabiduría yóguica (y también en la mitología griega) se dice que los semidioses envidian a los hombres, por residir en ellos, aun en modo latente, la máxima posibilidad de transcendencia y conocimiento.

¿Quiénes son estos llamados dioses o semidioses?

Entidades inorgánicas con una conciencia mucho más vasta y antigua que la nuestra, empeñados, desde tiempos remotos, en imposibilitar la evolución humana en la forma originaria diseñada por la fuente creadora del universo. Tales entidades inorgánicas nos han dado toda suerte de contenidos mentales (incluida la inventiva tecnológica) a cambio de nuestra propia energía creadora. En su abuso manipulador a través de las frecuencias del miedo, nos han hecho olvidar nuestro origen cósmico y nuestra relación real con el Todo, abocándonos a una situación límite que pone en peligro la continuidad de la vida humana y la de la Tierra. En la literatura yogui, estas entidades son llamadas asuras; en la tradición chamánica, voladores, pues al vidente se le presentan como inmensas masas de energía oscura de tamaño dinosaurio que vuelan o saltan. Los humanos que se alían con la mentalidad asúrica dominan la política y la economía mundiales, junto a la iglesia y la medicina alopática convencional.

Frente a estas energías de involución, se encuentran las energías de la luz, que desde hace unas pocas décadas han comenzado a llegar al planeta con fuerza cada vez mayor, y desde las dimensiones más elevadas del universo, al rescate de la Madre Tierra. El plan de la luz se resume en recordar al ser humano su potencial y origen estelar para que este sintonice y cree la frecuencia energética más elevada que existe en el universo: la energía del amor.

La energía del amor es la energía de la creatividad. Una de sus cualidades esenciales es la de imbuir de sentido y plenitud la existencia trascendiendo la mente pensante y colocando al ser humano en la dimensión mágica que le es propia. El estado psicológico que se corresponde con el amor se denomina gracia, ananda, bienaventuranza, satori, nirvana, shamadi o iluminación.

El laboratorio sagrado que se consagra a la alquimia del amor reside en el chacra del corazón, sede de nuestro espíritu inmortal.
Al nacer en la Tierra, los seres humanos somos bloqueados por las energías asúricas en nuestro laboratorio alquímico, somos separados de nuestro cuerpo de energía o cuerpo emocional (pues el ser humano es dual, tiene un cuerpo físico y otro energético -alma**. El físico se relaciona con la mente, el energético o emocional, con el Espíritu o fuerza autoconsciente que impregna todo cuanto existe. El cuerpo energético evolucionado atrae nuestra conciencia causal o memoria individual universal que guarda la información kármica de cada ser).

Es la presencia del cuerpo energético lo que posibilita la conexión con el Espíritu, por ello, toda vía de desarrollo puede expresarse en términos de recuperar el cuerpo energético o, lo que es lo mismo, en el proceso de limpiar nuestro vínculo de conexión con el Espíritu. Este es el propósito de la vida humana, limpiar nuestro vínculo de conexión.Tal trabajo se relaciona con curar las heridas emocionales que se originan en la infancia, cuando somos despojados de nuestro cuerpo energético por el intento asúrico, viviendo el trauma de dejar de vibrar en la energía del amor, que el infante demanda en quienes les rodean, pues es esta energía la que crea el total lazo con la fuente primordial. Como la humanidad vibra en la frecuencia del miedo y la neurosis, el niño no puede colmar su necesidad de amor, adoptando así un modo de neurosis o enajenación concreta a semejanza de sus maestros adultos. Todo este proceso se torna inconsciente a medida que vamos creciendo.

Solamente a través de la disciplina espiritual y la auto sanacion podemos emprender un proceso de reconexión con nuestro cuerpo energético o de luz. En la época actual tal tarea es más urgente que nunca, ya que sólo a través de la gracia o conciencia crística, la humanidad podrá enfrentar la responsabilidad que le corresponde como legisladora y protectora de la madre Tierra, nuestra verdadera divinidad, sustento y origen de todo cuanto somos realmente.

* Entendemos por unidad móvil de un mundo dado, al grupo de conciencias con mayor posibilidad de desarrollo que habitan en él, en cuyas acciones recae la responsabilidad máxima de salvaguardar la evolución del propio mundo que les acoge, dependiendo, en última instancia, la evolución conjunta, del despertar de la unidad móvil en un mínimo número crítico .

** El alma o cuerpo energético, contraparte del cuerpo físico, consta de tres aspectos o memorias: la memoria universal o esencia, la memoria de vidas previas o aspecto causal, y la memoria de la vida en curso o aspecto emocional o astral.

EL UNIVERSO

El universo, en su mayor parte, es femenino, al igual que la Fuerza Creadora, o Espíritu, y la Fuente Originaria, o Creador Principal. Lo masculino es una creación de lo femenino para explorar el juego de la conciencia en su evolución. Los yoguis denominan Brahman a este poder femenino, que sólo por el prevalecer del orden patriarcal ha sido desposeido de su verdadero sentido.* Su poder activo, también femenino, es Shakti, el Intento o Espíritu. Lo másculino se representa por Shiva, destructor de la ignorancia y protector de Shakti, a quien busca conquistar con su danza sagrada.**
Del amor entre Shiva y Shakti surgen las más bellas creaciones cósmicas, como una sinfonía extática de luz y sonido. El hombre representa el espíritu de Shiva, la mujer, el de Shakti.
Sin embargo, se dice que un aspecto masculino del universo, en su sed de Shakti, portadora del amor universal, se sintió despechado por los juegos de la Diosa, y herido en su amor propio, a causa de su excesivo narcisismo, concibió su propio plan de creación, desencadenando una serie de eventos, dentro del juego cósmico, teñidos de dolor y miedo.
El universo, de este modo, ha quedado dividido entre las conciencias de luz, que siguen el plan original de evolución, y aquellas, que opuestas a este plan, luchan por desarrollar su propio juego de supervivencia. Del mismo modo, en la Tierra existen muchos humanos aliados con las fuerzas contrarias a nuestro desarrollo y que no quieren despertar. Son los seres adhármicos, contrarios a la acción correcta, a la búsqueda de la verdad. Estos seres, cegados por el poder y las influencias asúricas, llevan controlando la Tierra desde hace muchos miles de años. En el otro bando, se encuentran quienes buscan el amor y la verdad cultivando el dharma y movidos por motivaciones satvicas o puras.
Para los asuras o voladores, los humanos somos su alimento; a través del manejo de la atención y las frecuencias de energía nos provocan nuestros ataques de ego cotidianos. Ellos controlan los medios de comunicación y los estratos de poder de la sociedad. Son los creadores de las guerras y la miseria humana más aberrante, generadores de los dramas humanos en todas sus intensidades, o su pan nuestro de cada día, pues se alimentan de nuestras emociones a través del control de lo que pensamos; nos han dado todo el conjunto de ideas que constituye nuestra enfermiza civilización, que condena a tres cuartas partes de la humanidad a la pobreza (eso sí, en nombre de Dios) y manda cohetes a Marte al mismo tiempo. Son los desvalijadores de la Madre Tierra, nuestro hogar.
El ser humano debe aliarse con las conciencias inorgánicas de luz aprendiendo a respetar la vida, que es sagrada en todas sus manifestaciones, y emprender el camino que lleva a cumplir nuestra función dentro del plan cósmico: Crear la energía del Amor otorgándosela al Espíritu universal.

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